El Wendigo en la obra de Algernon Blackwood

Relato y Contexto Geográfico
La historia se desarrolla en la espesura salvaje al norte de Rat Portage, en el noroeste de Ontario, Canadá, un territorio vasto y desolado, cubierto de bosques y lagos helados. La inmensidad y el carácter indómito del entorno abruman a los personajes y generan una atmósfera de aislamiento absoluto.
La trama sigue a un grupo de cazadores, incluido el estudiante de teología Simpson y el guía franco-canadiense Joseph Défago, quien siente una aversión inicial por adentrarse en la zona de Fifty Island Water debido a las leyendas que la rodean.
Naturaleza de la Criatura
Si bien el mito del Wendigo entre los pueblos nativos algonquinos (como los ojibwe o naskapi) se relaciona comúnmente con el canibalismo como tabú para disuadir el consumo de carne humana en situaciones de inanición, Blackwood lo interpreta de manera más existencial y cósmica.
Para él, el Wendigo es la «personificación de la Llamada de la Selva», simbolizando lo salvaje, lo primordial, aquello que el ser humano no puede dominar ni comprender. El doctor Cathcart, personaje del relato, lo describe como una «alegoría» de la Voz del bosque, un sonido que evoca el viento, el agua y los gritos de los animales, que atrae a su víctima hacia la destrucción. Blackwood lo presenta como una fuerza antigua, casi una Potencia hostil, que remite a épocas prehistóricas donde la naturaleza estaba completamente indómita.
El Horror de la Atmósfera
El cuento utiliza el terror atmosférico para insinuar la presencia de la criatura sin mostrarla por completo, transmitiendo horror a través de los sentidos:
- Olfato: Los personajes perciben un olor extraordinario, acre y penetrante, o dulcemente punzante, profundamente inquietante y nauseabundo para Simpson.
- Sonido: La criatura (o Défago poseído) emite un grito ventoso y lastimero, de volumen inmenso pero extrañamente seductor, que resuena desde las alturas del cielo.
Transformación y Locura
La entidad seduce a Défago, atrayéndolo irremediablemente hacia la inmensidad del bosque. Al huir, sus gritos se mezclan con terror y exultación frenética: «¡Ah! ¡Qué altura abrasadora! ¡Ah, mis pies de fuego! ¡Mis pies candentes!».
Simpson observa cómo las huellas de Défago en la nieve se transforman, adoptando la forma de un rastro increíblemente largo y no humano, reflejando la velocidad y violencia de la criatura. Se describe que el Wendigo quema los pies de sus víctimas debido a su rapidez, hasta que se regeneran. Défago regresa al campamento en un estado delirante, con el rostro más animal que humano y los pies congelados, percibiéndolos como «ardiendo como fuego», hasta su muerte final, sin memoria ni razón.

La obra de Blackwood encapsula el miedo a lo desconocido y lo incognoscible, fundamento del horror cósmico que influyó profundamente en H. P. Lovecraft, quien consideró El Wendigo un triunfo de la narrativa de terror.
En este contexto, el Wendigo no es solo un monstruo: es la manifestación del peligro que acecha en las fronteras de la civilización y la razón, un concepto que resuena con las tradiciones invernales, recordándonos la oscuridad y el caos latentes durante la época más fría del año.