Santa Lucía y Sunna: La Persistencia de un Arquetipo Solar en Escandinavia

La figura de Santa Lucía en los países nórdicos no puede comprenderse sin reconocer el trasfondo precristiano que rodea al solsticio de invierno. Mucho antes de que el cristianismo llegara al norte, el 13 de diciembre —fecha que en el calendario juliano coincidía con la noche más larga del año— estaba consagrado al simbolismo solar. Allí, la luz que renace en medio de la oscuridad es un arquetipo ancestral que une a tres figuras: Santa Lucía, la diosa nórdica Sól/Sunna y Lussi, espíritu femenino de la larga noche invernal.
Sunna / Sól: La Diosa Solar del Norte
En la mitología germánico-escandinava:
- Sól (nórdico antiguo) o Sunna (alto alemán antiguo) es la diosa del Sol, hija de Mundilfari.
- Cada día conduce el carro solar a través del cielo, perseguida por el lobo Sköll, cuya cercanía explica los eclipses.
- Su energía está asociada a la runa sól/sigel, símbolo del rayo que rompe los hielos y renueva el ciclo vital.
En el corazón del invierno, Sunna representa la luz que vence a la oscuridad, la promesa del retorno del Sol. Según los mitos, tras el Ragnarök, la hija de Sól heredará su carro, asegurando que la luz nunca desaparezca.
Lussi: La Capa Pagana del 13 de Diciembre
En la tradición nórdica precristiana, la noche del 12 al 13 de diciembre era conocida como Lussi langnatt, “la larga noche”. Esta figura femenina, a veces temida y a veces protectora, encarna una fuerza antigua y liminal:
- Su nombre se asocia con lýsa (“iluminar”), por lo que también significa “la luminosa”.
- Representa la oscuridad fértil donde se concibe el Nuevo Sol.
Por ello, Lussi es vista como un doble pagano de la posterior Santa Lucía: ambas marcan el instante en que la luz nace dentro de la noche más profunda.
La Leyenda Cristiana de Santa Lucía
Santa Lucía nació en Sicilia en el siglo III d. C. y fue martirizada el 13 de diciembre del año 304. Entre sus historias más difundidas está la de cómo llevaba alimentos a los cristianos escondidos en las catacumbas, usando una corona de velas para iluminar su camino.
Tras ser denunciada por rechazar un matrimonio arreglado, ni los guardias pudieron moverla ni el fuego quemarla. Solo una espada logró matarla. Es celebrada como símbolo de pureza, luz y protección.
Aunque italiana, su culto fue adoptado en Escandinavia durante la Edad Media. Una leyenda sueca cuenta que, durante una hambruna en Värmland, un barco blanco apareció sobre el lago Vänern en la noche más larga del año, guiado por una mujer luminosa que traía alimento: Lucía salvando a su pueblo.
El Sincretismo: Cuando Lucía Encuentra a Sunna
La llegada de Lucía al norte coincidió con:
- La antigua fecha del solsticio de invierno (13 de diciembre).
- La tradición precristiana de honrar a una entidad femenina solar.
- La creencia en una noche liminal marcada por Lussi.
Lucía —cuyo nombre procede de lux, “luz”— absorbió de forma natural los atributos de Sunna y de Lussi. Así, la santa cristiana se convirtió en la heredera simbólica del arquetipo solar nórdico:
la luz que regresa tras la noche más larga.
La Festividad Moderna: El Retorno de la Luz
En Suecia y otros países nórdicos, la celebración de Sankta Lucia conserva elementos tanto cristianos como paganos:
- La joven Lucía viste blanco, lleva una faja roja y corona de velas, como la santa que ilumina las catacumbas y como la diosa que porta el Sol.
- Se preparan lussekatter, panecillos dorados de azafrán que representan la luz solar renaciente.
- La hija mayor suele despertar a la familia con café y panecillos, representando el acto de «traer la luz».
En este día, la gente bromea con que los animales pueden hablar, un eco de las antiguas creencias sobre la noche liminal donde los velos entre mundos se afinan.
Conclusión
Santa Lucía es mucho más que una santa importada a tierras nórdicas:
es la continuación transformada de un antiguo culto solar.
En ella sobreviven:
- Sunna/Sól, la diosa que guía el carro del Sol.
- Lussi, la luminosa que gobierna la larga noche.
- El arquetipo universal de la Luz que renace en medio del invierno.
Así, Lucía no solo hereda una fecha: hereda un símbolo.
La persistencia de esta fiesta demuestra que, aun bajo nuevos nombres y nuevas fes, la humanidad sigue celebrando el mismo misterio ancestral:
el retorno de la luz en su noche más profunda.